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História del CVT

Una mañana del verano de 1989 fui convocado por Pere Grau y Juan Lacorte en la desaparecida cafetería Arimany, en medio de la Rambla de Tarragona. El motivo, que desconocía antes del encuentro, me dejó sorprendido y perplejo: me propusieron ser el primer cónsul del recién creado Concilium Vinorum Tarraconensium. Por un lado, cumplía, según ellos, el requisito fundamental establecido de forma tácita, aunque no expresa: no ser un profesional del mundo del vino, un requisito que se ha mantenido con carácter general a lo largo de los años, de forma acertada, ya que ha permitido mantener la asociación al margen de intereses comerciales. Por otra parte, no era un misterio mi devoción por el dios Dioniso y los dones con que beneficia a los mortales, en casi todas las variantes y formas, una devoción incrementada con los años a partir de los cursos de cata del siempre recordado Antonio Salas, las peregrinaciones a los diversos vallados de culto de los países del Mare Nostrum y la recopilación de información escrita, cuando aún no había aplicaciones que permitieran conocer con una simple fotografía con el móvil la ficha de cata de cualquier vino. Por lo tanto, no supe sustraerme a la tentación y acepté la dignidad consular durante cinco años, cinco años que me permitieron ampliar el abanico de mis amistades y conocer a personas que me han enriquecido con sus conocimientos mediante la forma de comunicación más perfecto entre los humanos que no es otro que el diálogo. Pero, como ya habían constatado los griegos, el diálogo sobre cualquier tema era mejor si se hacía en torno a una mesa bebiendo juntos un buen vino, celebrando el simposio, palabra que con el tiempo ha sufrido una alteración de su campo semántico en descuidar la acción de beber y quedar reducida a la mera acción de reunirse.

El vino es un elemento esencial de la cultura mediterránea desde la civilización egipcia. Deificado por los griegos y romanos como Dionisio y Baco respectivamente, unido a la difusión del cristianismo como elemento de la transubstanciación de la sangre de Cristo, está presente en la literatura oral y escrita desde Homero y se ha convertido en un referente de la iconografía sacra y pagana. Pero, sobre todo, el vino forma parte de nuestra vida cotidiana, como remedio de penas, expresión de alegría y logros, manifestación de deseos y proyectos y vehículo de comunicación, relación y amistad.

Y este debe ser, sin duda, el verdadero objetivo del Concilium Vinorum Tarraconensium: asociar personas de formación y profesión diversa dispuestas a compartir una misma actividad social, intercambiar ideas y pensamientos sobre cualquier tema, enriquecer la cultura enológica, aprender a estimar los vinos de las comarcas de Tarragona y conocer los de las denominaciones de todo el mundo, en definitiva, contribuir a construir una sociedad abierta y respetuosa con los demás.

Veinte y cinco años nos han de permitir celebrar merecidamente las bodas de plata de la asociación, que ha tenido que pasar situaciones difíciles, pero que gracias a la constancia y dedicación de las personas que han constituido los diversos consulados, se ha mantenido viva con la incorporación de nuevos asociados. Este es el gran reto de futuro: incorporar savia nueva y joven que vivifique y asegure la continuidad del Concilium Vinorum Tarraconensium cuando el inexorable paso del tiempo conduzca a la jubilación forzosa a los que dimos el primer paso hace un cuarto de siglo.

Bebamos! por qué hay que esperar la hora de las lámparas? Queda un dedo de luz de día.

Baja copas grandes abigarradas,

caro el vino para olvidar las penas el hijo de Sémele y Zeus

los hombres dio. Mezcla una medida de agua con dos de vino y llénalas

rebosantes, y que una copa empuje al otro ...

 

Alceo, poeta griego, siglo VII aC.

 

Antoni González Senmartí

Primero cónsul del CVT